Luego de no llegar a ningún acuerdo y una ardua disputa
legislativa, la balanza se inclinó de manera definitiva en el Congreso de la
República. Con el respaldo estratégico y decisivo de los veintiséis votos del
Pacto Histórico, y la sumatoria del Centro Democrático, el senador uribista
consolidó su victoria en una contienda resuelta a pulso en el plenario.
En la votación final, la candidatura de Henríquez se impuso
con cincuenta y seis respaldos, superando a Deluque, ficha clave del sector
abelardista, quien alcanzó cuarenta y cinco sufragios, contra los 56 votos
alcanzados por Henriquez, registrándose además un voto en blanco.
Este desenlace representa un alivio estratégico para Álvaro
Uribe. El líder natural del Centro Democrático había manifestado públicamente
su temor ante las gestiones del gobierno electo de Abelardo de la Espriella
orientadas a impedir que la dignidad del Senado recayera en el uribismo,
maniobra que el exmandatario calificaba como una afrenta directa dirigida a
fracturar y debilitar a su colectividad.